Contracorriente

Despreciados. Aborrecidos. Odiados. Perseguidos. Difamados. Afrentados. Muertos.

Nadie dijo que seguir a Jesús sería fácil, ni siquiera el mismo Jesús.

Por más bueno que sea el mensaje, a veces la gente no quiere saber nada de Dios. Por más bien que haga el mensaje, muchos no quieren cambiar.

Si Jesús fue perseguido, golpeado, muerte… ¿qué podrá ser de sus seguidores? Si con la cabeza, el líder, el primero hicieron todo eso… ¿qué se puede esperar con el resto?

Juan 15, versículos 18 al 25, no prometen comodidad, placeres, ni deleites.

El mensaje de Jesús que anunciamos es mayormente contrario a lo que todos buscan: no quiere el mal, sino que busca amar al prójimo, aún a los enemigos. Exige dejar las cosas malas, la oscuridad, para ir a la luz. Pero la mayoría no quiere eso.

Seguro seamos rechazados, dejados de lados… y hasta perseguidos. Jesús nos dice que existe la posibilidad de que estas cosas sucedan, pero que tengamos paz en él. En Juan 16:33 asegura que tendremos aflicciones en esta vida, pero que debemos confiar, porque Él venció al mundo y a la muerte.

Si nuestra esperanza en Jesús es solo para esta vida, para las cosas que nos rodean, somos los más dignos de lástima de todos. Porque nuestro Señor en esta vida fue crucificado, muerto. Pero nuestra esperanza es en la eternidad, en la vida que tendremos a través de Jesús.

Debemos confiar en Él, y seguirlo porque Jesús venció a la muerte. Porque nuestro premio es en la eternidad. Debemos entender que somos pasajeros, viajantes de esta vida, y que una vez finalizado nuestro camino, estaremos por siempre junto a Él.

Despreciados. Aborrecidos. Odiados. Perseguidos. Pero con esperanza de vida eterna.

Basado en el Capítulo 15 del evangelio de Juan.
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